LAS PAPELERAS DEL REINO
LAS PAPELERAS DEL REINO
Antonio Ortiz García
Burgos, 2013
ISBN 978-84-15907-08-4
- páginas
23,00 € 
Antonio Ortiz García El Autor

Antonio Ortiz García, (Madrid, 1936) estudió en Areneros y en la Universidad Complutense, donde fue diez años Profesor Ayudante de Derecho Internacional. Investigó en la Academia de Derecho Internacional de La Haya y se especializó en el City of London College, en Francia y en los servicios jurídicos de las Comunidades Europeas en Luxemburgo.

Ingresó en la Escuela Diplomática en 1964. Ha servido en el Ministerio de Asuntos Exteriores y como Secretario de Embajada en Santo Domingo, en la Representación de España en Bucarest, Cónsul en Metz, Representante Adjunto ante la UNESCO en París, Embajador en Ghana y en Togo, Cónsul General en Berlín, Jefe de la Misión Diplomática en Windhoek, Namibia, durante el proceso de independencia, Embajador en Rumanía, Representante Permanente ante los Organismos Internacionales en Viena, Director Adjunto de la Escuela Diplomática, Cónsul General en Toulouse y Embajador en Hungría.

Autor de estudios y artículos, ha pronunciado conferencias en Universidades y otras instituciones. Es Doctor honoris causa por la Universidad de Craiova (Rumanía). Reside en Madrid desde 2006, dedicado a escribir, leer, viajar y hacer deporte.

Antonio Ortiz ha escrito un libro revelador. Con ironía y humor, nos descubre la realidad de la diplomacia española, un servicio del Estado que siempre apareció como misterioso y un tanto opaco para los ciudadanos. Tras la mirada irónica pero nunca hiriente –no en vano es el libro de un diplomático– del “modesto funcionario”, es fácil percibir la apasionada vivencia de su profesión.

Ortiz, al que el relato periodístico le llegó de tradición familiar, derrocha en este libro anécdotas y situaciones vividas durante su trayectoria profesional. El resultado es un libro ameno pero no anecdótico ni superficial. Las historias referidas nos descubren el lado oscuro de una profesión que juzga venida a menos. No falta la dolida denuncia. El trasfondo es, inevitablemente, la insatisfacción profesional, que no llega a ser amargura porque el autor nos muestra una esperanza y un humor redentores.

Tal desmitificación rinde un servicio a nuestra diplomacia, tan necesitada de convertirse en verdadera administración exterior del Estado. También ayuda a comprender nuestra política exterior que, con frecuencia, se nos presenta errática e improvisada. Se puede concluir que el autor, ya jubilado, ha rendido su último, hasta ahora, servicio al Estado del que siempre se ha sentido servidor.